El krill es la base del ecosistema antártico: las ballenas, las focas y los pingüinos dependen directamente de él.
Las zonas de pesca se consideran sensibles, y el debate sobre la sobrepesca y la falta de medidas de protección lleva años intensificándose.
Por respeto a estos ecosistemas, hemos decidido no incluir el aceite de krill en nuestra gama de productos.
En su lugar, apostamos por dos alternativas que, desde el punto de vista técnico y ecológico, simplemente tienen más sentido:
- Aceite de algas: la fuente de omega-3 más limpia y sostenible que existe, con un contenido muy alto de DHA; perfecto para el cerebro, los ojos y para todos los que quieren seguir con una dieta vegetal.
- Aceite de pescado en forma natural de triglicéridos: muy concentrado (p. ej., EPA 40 % / DHA 30 %), de buena biodisponibilidad y con una base científica muy sólida.
Así es como puedes conseguir productos de omega-3 de alta calidad, sin ejercer una presión innecesaria sobre las zonas marinas sensibles.
